jueves, 8 de marzo de 2012

Los Españoles

España fue invadida a principios del siglo VIII por los árabes, que permanecieron en la península durante casi ocho siglos. En todo ese tiempo los cristianos lucharon contra los invasores, librando numerosos combates, y lentamente lograron reconquistar el territorio y fundar reinos. Pero si bien los árabes fueron perdiendo poder político, su influencia cultural se mantuvo y aun se afianzó con el tiempo. En las artes y ciencias, así como en la técnica, los árabes introdujeron notables adelantos, y también dejaron su sello en las armas, armaduras, telas, joyas y perfumes. Y un detalle muy curioso en el terreno de la moda: las agujas fueron introducidas en España (y por lo tanto en Europa) por los árabes.
Entre los cristianos la indumentaria fue semejante a la de los franceses, aunque las telas eran más sencillas. 










Como ya hemos dicho, España fue invadida a principios del siglo VIII por los árabes, quienes dominaron casi toda la península excepto una pequeña región del norte. Allí comenzó la reconquista, que duró hasta el año 1492, en que Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, a quienes se les llamó Reyes Católicos, entraron en la ciudad de Granada, último reducto de los moros. Durante la reconquista se fueron organizando reinos cristianos, como León, Castilla, Aragón y Navarra. La lucha contra los moros exigió grandes sacrificios y las costumbres fueron sencillas. Por ello la moda fue, en general, austera.
La vestimenta consistía en túnicas, por lo común lisas. (Se consideraban indignas de los cristianos las telas de seda y bordados que usaban los moros). Algunos caballeros vestían una túnica corta hasta las rodillas y armaduras de cota de malla. El tocado femenino consistía en un velo que cubría los cabellos.










Hacia el siglo XVII en España el color negro era considerado el más elegante y se usaba en las fiestas y en las celebraciones especiales. Los hombres vestían un jubón o vestidura ajustada a modo de chaleco, con un faldellín corto y mangas acolchadas sobre una camisa blanca de hilo o seda bordada. Las bragas eran cortas y abultadas: el calzado llevaba adornos y las medias eran tejidas y de seda. En invierno usaban una capa corta o un capote, con cuello grande, que les llegaba hasta la mitad de las piernas.
Las mujeres llevaban un vestido con miriña que daba amplitud a las faldas. Por lo general era de terciopelo o de raso, adornado con cintas y bordados. Las golillas, guarnecidas de encajes en los bordes, remataban el cuello y los puños. Tanto los hombres como las mujeres lucían pesados collares de oro con piedras preciosas engarzadas.


sábado, 3 de marzo de 2012

Los Franceses




Las prendas básicas de la indumentaria usada en Francia por hombres y mujeres eran dos túnicas y un manto. En el siglo XII la túnica interior evolucionó hasta concretarse en una camisa o ropa interior hecha de batista, tela suave que lleva el nombre de su inventor, Bautista Chambray. La túnica exterior dio origen al gabán, especie de capa recta con una abertura superior para la cabeza, sin mangas y con amplias bocamangas que se abrochaban a los costados. Durante el invierno se usaba también una chaqueta corta forrada con piel. A partir del siglo XIII se impuso el gabán, que llegaba debajo de las rodillas y se usó ceñido con un cinturón. En esta época las mangas presentaban gran variación, tenían amplias aberturas que llegaban hasta el suelo y los bordes terminaban en festones en forma de pétalos. Los hombres usaban calzas largas muy ajustadas en las piernas y calzado de cuero suave con punta.









Cuando se estudia la evolución del traje y de las prendas de vestir se sigue, por lo general, la experimentada por la gente de mayores recursos, los soberanos y personajes de la nobleza. Pero, naturalmente, siempre hubo diferencias entre ricos y pobres, y en la antigüedad ellas se notaban en el tipo de tela utilizada, mucho más rústica, que en el corte. Pero en la Edad Media las diferencias entre las clases sociales quedaron marcadas también en la indumentaria. Los campesinos usaban un sayo de tela gruesa de lana o una chaqueta de cuero de mangas cortas sobre una túnica corta. Cubrían la cabeza con una capucha de lana o un gorro de fieltro. El calzado era de cuero suave; las medias, de lana gruesa. También usaban calzas cortas sujetas a las rodillas.




Durante la Edad Media comienzan a perfilarse de manera evidente las diferencias entre la vestimenta de la nobleza y la de las clases populares. Pero a partir del siglo XII las ciudades o burgos van cobrando nueva importancia, lo mismo que sus pobladores o burgueses, muchos de los cuales se enriquecen por la industria y el comercio. Los burgueses adoptaron múltiples usos y costumbres de las clases altas.
En el siglo XIII el gabán era la prenda más usada; el de los hombres se extendió algo más abajo de las rodillas, con mangas cortas o sin ellas. Los campesinos usaban un sayo de tela rústica y cubrían la cabeza con una caperuza. Las mujeres usaban una túnica o un gabán largo y una capa de lana. Cubrían la cabeza con un paño cuadrado de algodón llamado griñón, que ocultaba el cabello, o lucían una toca con una corbata que cubría lateralmente la cara y el mentón.






La sociedad medieval estaba constituida por clases muy diferentes entre sí y que, de acuerdo con sus actividades, comprendían a los que rezaban, es decir, al clero; a los que combatían, o sea la nobleza, y a los que trabajaban: campesinos, artesanos y siervos. Naturalmente, estas clases sociales se distinguían por su atuendo, y en la nobleza es donde se notaba con más evidencia la evolución de la vestimenta y de los tejidos empleados en la confección de la misma. Los campesinos y artesanos usaban una especie de túnica corta con mangas hecha de tela rústica y colores apagados y oscuros, calzas largas ajustadas y calzado de cuero liso. Cubrían la cabeza can un capuchón de lana gruesa o un sombrero. Los sacerdotes se colocaban una especie de casulla corta, de mangas amplias, y los monjes una túnica sencilla y capa. Los caminantes y viajeros llevaban una especie de bastón que, por lo general, era un palo rústico.






En el siglo XIV, la moda en Francia fue evolucionando lentamente. El gabán continuó siendo la prenda más usada: se extendía por debajo de las rodillas y se ceñía a la cintura con un cinturón de cuero. La prenda tenía mangas cortas, pero en este siglo se usaron más largas y a veces tan exageradas, que pendían hasta el suelo. Los hombres llevaban calzas largas cosidas, y ajustadas a las piernas. También comenzó a usarse una túnica estrechamente ceñida al cuerpo que se abotonaba por delante y tenía, también, mangas largas provistas con una hilera de botones. El cinturón se usaba, por lo general, debajo de la cintura, apoyado en la cadera. Donde se advertía una gran variedad fue en los tocados, tanto femeninos como masculinos, para los que se empleaban diversos materiales, como fieltro, terciopelo, seda, hilos de oro, plumas, etc.










La indumentaria femenina en Francia durante el siglo XIV adquirió mayor variedad, si bien se mantuvieron las líneas generales provenientes del siglo anterior. La prenda más usada era el gabán, de aspecto semejante al de los hombres, es decir, una túnica larga y amplia que se ceñía en el talle. A veces tenía mangas largas y falsas, pues se abrochaban en los hombros y caían hasta el suelo. Estas mangas extravagantes fueron una característica de la época, durante la cual el gabán fue evolucionando y se abrió a los costados para dejar ver una prenda ajustada llamada "cotehardie". Ésta se cerraba con botones o lazos en el frente, desde el cuello hasta la cintura; las mangas largas eran muy ajustadas y, por lo común, tenían botones desde el codo hasta la muñeca. Sobre la "cotehardie" se llevaba un cinturón bajo, apoyado sobre las caderas y que, por lo general, era lujoso, pues tenía incrustaciones de piedras preciosas. Las trenzas largas, caídas a los costados o arrolladas en espiral a ambos lados de la cabeza, eran el arreglo más común de los cabellos, protegidos, además, por diferentes tipos de tocados.










En el siglo XIV la vestimenta femenina y masculina se componía de dos prendas principales: una túnica ajustada que se abotonaba por delante, llamada "cotehardie", y el gabán o túnica más amplia, abierta a los costados. En los hombres, el gabán se extendía algo más abajo de las rodillas y tenía mangas abiertas por la mitad de sus largos, por donde asomaban los brazos. También usaban calzas largas cosidas y ajustadas en las piernas, por lo general de color rojo. Las mangas extravagantes fueron la característica distintiva de este siglo; a veces eran tan largas que llegaban hasta el suelo. En el siglo siguiente el atuendo femenino se va modificando y surge el verdadero vestido con el corpiño ajustado, las mangas estrechas y la falda amplia ceñida en la cintura. Las damas elegantes calzaban zapatos de terciopelo, abrochados mediante un botón o una hebilla con piedras, y bordados con hilos de oro o de colores. El cabello se protegía debajo de una redecilla o toca.










En el siglo XIV apareció en Europa, y principalmente en Francia, una moda muy decorativa basada en la utilización de ricas telas bordadas.
El gabán, la prenda más empleada hasta entonces por hombres y mujeres, fue reemplazado de forma paulatina. Las mujeres usaban un vestido ajustado en el talle y falda amplia con cinturón. La manga era abultada en la parte superior y ajustada en la inferior.
Los hombres comenzaron a usar una chaqueta ajustada en la cintura, con mangas cortas muy abultadas, confeccionada por lo general con telas suntuosas. Debajo de esta chaqueta se colocaba una especie de chaleco, que se cerraba con lazos por delante o por detrás.
La chaqueta o jubón también fue usado por las mujeres, y entonces adquirió mayor variedad. En invierno estaba forrada con piel o levaba adornos de pieles finas. La gente del pueblo usaba chaquetas de telas de lana rústica y pantalones ajustados.
El calzado era de cuero suave, y la delgada suela se protegía con chanclos de madera.










Hasta comienzos del siglo XIII, la cota de malla fue la forma principal de la armadura. Ésta contenía más de 200.000 eslabones de metal, y por ello su confección era muy costosa. La cota protegía contra las armas punzantes (espadas, puñales, flechas o lanzas), pero en cambio, por ser muy flexible, no resultaba eficaz contra los golpes de maza.
Más tarde la armadura se fue perfeccionando y se le añadieron piezas de metal para darle mayor solidez.
Sobre la cota de malla se usaba una túnica de paño, de lana gruesa, sujeta por un cinturón ancho de cuero, del que pendía la espada, daga o puñal. La cabeza estaba protegida por un casco de cuero o yelmo con visera. El escudo de metal continuó siendo la principal arma defensiva; por lo general, era de forma rectangular y de más de un metro de alto.
También se usaban escudos triangulares con los lados ligeramente curvos. Las principales armas ofensivas eran la espada, la daga, el puñal, la flecha, el sable, la jabalina y la maza.










Uno de los detalles más característicos de la vestimenta femenina en la época medieval, especialmente a partir del siglo XIII, fue el tocado. Al principio, el cabello de las mujeres se ocultó debajo de un pañuelo o toca con una corbata o barboquejo que cubría la cabeza y el cuello.
Más tarde, vino la moda de una pequeña toca semejante a una coronita de tela blanca sujeta por medio de una cinta a la barbilla. En el siglo XV hicieron su aparición los turbantes, que cubrían enteramente los cabellos. Algunos presentaban formas extravagantes y consistían en grandes rollos rellenos.
Los tocados puntiagudos o hennins ofrecían formas y tamaños diversos, pero en la mayoría de los casos iban acompañados por un velo que flotaba libremente.
Es curioso señalar que estos tocados alcanzaron tal extravagancia, que debió ser reglamentado su tamaño de acuerdo con la posición social de las mujeres que los llevaban. Los materiales más empleados para el tocado eran sedas, terciopelo e hilos de oro.










En el siglo XV se advirtió una profunda transformación en la moda femenina. El gabán, la prenda más usada en los siglos anteriores, fue reemplazado por un verdadero vestido, llamado en francés "robe". Se caracterizaba por tener un corpiño ajustado, el talle alto y ceñido, escote amplio, mangas ajustadas y falda con mucho vuelo.
Los turbantes ocultaban totalmente el cabello y el "hennin", introducido en Francia por Isabel de Baviera, era usado por las damas de alcurnia. Los rollos se adornaban con velos muy tenues o telas gruesas armadas.
El calzado era de terciopelo adornado con bordados, y en esta época tenían una gran punta. A veces, esa descomunal punta se sujetaba al tobillo con una cadenita de oro o metal. A la nobleza se le permitió usar punta de unos 60 cm de largo; a los caballeros, de 30 cm de largo y a la gente del pueblo, de sólo 5 ó 6 cm de largo. El calzado indicaba pues la clase social.










El traje de los artesanos era naturalmente sencillo. Por lo general, consistía en una túnica corta de paño grueso sujeta con un cinturón de cuero. El pantalón, ajustado, bajaba hasta el tobillo y sobre el mismo se ponían medias gruesas o calzado de cuero flexible con tiras de cuero cruzadas en las piernas hasta debajo de las rodillas .










En el siglo XV se advierte una mayor diferenciación en la vestimenta de las distintas clases sociales. En la nobleza aparece la robe femenina o vestido propiamente dicho, ajustado al talle, con falda amplia y escote redondeado.
Las mujeres vistieron una enorme capa o manto que en invierno forraban con pieles.
Los hombres usaban capas de diferentes estilos, algunas eran amplias, con cuello y abrochadas en el hombro. También se usaba la hopalanda de origen holandés con mangas flotantes y ceñida a la cintura con un cinturón de cuero. Se cubrían la cabeza con sombreros de fieltro, caperuzas o capuchas.
La gente del pueblo vestía sencillas túnicas de tela rústica que caían hasta las rodillas y se cubrían la cabeza con una caperuza que se prolongaba y caía sobre los hombros. Bajo la misma se usaban pantalones ajustados y botas de cuero flexible.







                          
































































































































                               









A partir del siglo XV, las mujeres comenzaron a usar un verdadero vestido llamado robe. El mismo tenia las características del vestido moderno: corpiño y talle ajustado, falda amplia, mangas estrechas y escote grande. La cabeza estaba siempre cubierta por una toca que presentaba diversas formas y tamaños, desde los simples velos hasta los voluminosos turbantes con rollos rellenos.
En invierno las mujeres se cubrían con una capa amplia, con adornos en los bordes y forradas de pieles. Las joyas más usadas eran pesadas cadenas de oro y cinturones de cuero con piedras preciosas y también de oro.
En esta época empezaron a generalizarse los guantes, que se fabricaban con cuero de gamo u otros ciervos, de cabrito o liebre. Las telas cobraron también gran significación; los tejidos de lana procedían de Inglaterra o Flandes y las sedas vistosas, de Italia.
Pero a partir del siglo pronto se establecieron las primeras tejedurías de seda en Lyon y de terciopelo en París, con lo que la moda francesa adquirió notable importancia.




Al comenzar el siglo XV, Francia se hallaba envuelta en una larga contienda con Inglaterra, llamada la Guerra de los Cien Años. Esta había comenzado en 1340 y finalizó en 1453, aunque no se luchó de forma continuada. Durante la misma se libraron batallas en las que se fue evolucionando desde los encuentros entre caballeros que parecían torneos medievales, hasta combates donde tuvieron decisiva importancia la infantería y la naciente artillería.
La armadura constituía no sólo una protección para quien la llevaba sino que era también un signo distintivo, ya que sólo los nobles eran lo bastante ricos como para comprarla.
Los mejores obreros eran los fabricantes de armaduras, pues con gran habilidad debían forjar una resplandeciente coraza que protegiera pero no paralizara al que la llevase. Las armaduras se hicieron más complicadas, y sobre la cota de malla se colocaban chapas de acero que cubrían casi totalmente las diversas partes del cuerpo.









Durante la Edad Media las luchas adquirieron carácter épico y consistían en contiendas entre caballeros que eran más bien duelos entre las armas ofensivas espada, lanza, flecha, daga, maza, etcétera y la armadura. Ésta alcanzó gran perfección en el siglo XV y como una caja de hierro cubría enteramente el cuerpo del caballero. Claro que la armadura era muy costosa y por ello sólo los nobles la poseían. También era muy pesada, y para llevarla y colocársela necesitaban de la ayuda del escudero. Los armeros debían tener mucha habilidad para hacerla de modo que no restara movilidad a su dueño; por eso tenían articulaciones en los hombros, codos y rodillas. La cabeza estaba protegida por un yelmo y visera; ésta se levantaba para ver el rostro del adversario. La armadura se utilizaba en la guerra y también en los torneos o justas donde los caballeros demostraban su destreza. A veces, sobre la armadura se colocaba un jubón de mangas abiertas por donde pasaban los brazos.






En el siglo XIII comenzó a usarse la sobreveste de tela o cuero que resguardaba contra el polvo y que probablemente se inspiró en la que usaban los moros en la época de las Cruzadas. Hacia el siglo XV apareció la armadura denominada "de punta en blanco". Era un traje completo de planchas de metal, por lo general de acero templado. Las planchas ajustaban entre si perfectamente y estaban unidas por remaches que pasaban por hendiduras cortas para permitir cierta libertad de movimientos. Los codos, las rodillas y debajo de los brazos se protegían con cota de malla.
Los cascos presentaban gran diversidad de formas; al principio eran cónicos, luego se hicieron esféricos o aplanados y el yelmo estaba rematado por una cimera.







La armadura formada por planchas de metal que cubrían casi por completo el cuerpo, excepto las partes que se asentaban sobre la montura de su caballo, reemplazó a la primitiva armadura de cota de malla, aunque este tipo de tejido se usaba para proteger las articulaciones, como los codos y las rodillas.
Durante los siglos XIV y XV se usaron también otros dos tipos de armaduras. Una consistía en láminas de metal unidas a un traje interior de paño y otra en la que las láminas o planchas iban remachadas dentro de un jubón de brillantes colores. Las usaban los soldados y algunos capitanes, pues la armadura completa era muy costosa y por eso sólo los nobles podían adquirirla.
En el siglo XV la llamada armadura gótica, con las superficies lisas y sólo decoradas en los bordes, llegó a su perfección. En el siglo siguiente el estilo cambió: los cascos y las guardas de los brazos y piernas presentaban superficies estriadas y las de los dedos de los pies se hicieron muy anchas.
Esta armadura se llamó "maximiliana", pues fue Maximiliano, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico su creador.















Desde mediados del siglo XVII y especialmente en el siglo XVIII - que corresponden a los reinados de Luis XIV (el Rey Sol), de Luis XV y de Luis XVI y su esposa María Antonieta, la moda francesa se impuso en diversos países europeos. Los vestidos femeninos tenían un corpiño ajustado, escote bajo que se prolongaba en una pechera de encaje y estaban adornados con cintas y lazos. Las mangas, ajustadas hasta el codo, terminaban con un volante de encaje. La falda era amplia, sostenida con enaguas acolchadas.
En el atuendo, la peluca usada tanto por hombres como por mujeres tuvo gran importancia. Por lo común era blanca con varios bucles, y en la parte posterior terminaba en un rodete o trenza. También las joyas tenían gran importancia como complemento de la magnífica vestimenta.
Por lo general, las damas lucían anillos y pulseras muy espléndidos.






Es indudable que la moda es un reflejo de los tiempos y que por ello, después de una revolución o de una gran transformación política, la vestimenta sufre un cambio radical. Esto fue bien claro después de la Revolución Francesa, en que se abandonaron los vestidos de telas lujosas, con amplias enaguas acolchadas, volantes de encaje y pelucas,
La Revolución Francesa pasó por varias etapas, En 1796, con el gobierno del Directorio, la moda cambió totalmente, acercándose a los modelos clásicos grecorromanos. En los hombres, las bragas se hicieron ajustadas, sostenidas con botones y lazos. La chaqueta era ajustada, por delante llegaba hasta la cintura y se prolongaba atrás hasta las rodillas, La solapa, muy amplia, contrastaba con los colores del abrigo.
El sombrero era un bicornio de terciopelo con la escarapela tricolor. Las medias eran de seda de varios colores. A estas gentes se las llamaba "increíbles".






La llegada de Napoleón al gobierno como cónsul y luego su coronación como emperador tuvo gran importancia no sólo en la historia europea sino también en la americana.
En 1804, el Consejo de Estado proclamó a Napoleón como emperador con cargo hereditario. En una solemne ceremonia, en la que estuvo presente el Papa Pío VII, Napoleón se coronó con sus propias manos y luego coronó a la emperatriz Josefina, También se produjeron cambios en las estructuras sociales, que la Revolución había tratado de desterrar. La moda volvió a experimentar nuevos cambios.
El vestido femenino era de busto ajustado, escote amplio y talle alto sin marcar la cintura. Los cabellos eran cortos y anudados con cintas y lazos, Napoleón, por una serie de decretos, confirió títulos de nobleza a los miembros de su familia y a los generales de sus ejércitos. Así se formó una corte cuya pompa y boato eran semejantes a las de los antiguos reyes.






En el año 1804, Napoleón Bonaparte - que era Primer Cónsul y luego fue Cónsul Vitalicio- logró la dignidad imperial. En una solemne ceremonia realizada en la catedral de Notre Dame y con la presencia del Papa pío VII, Napoleón se coronó emperador con sus propias manos y luego coronó a la emperatriz Josefina.
La instauración del imperio no sólo exigió modificaciones constitucionales sino también reformas en la estructura social que la Revolución había tratado de crear. Mediante una serie de decretos, Napoleón confirió títulos de nobleza a los miembros de su familia, a los generales de sus ejércitos y a los altos dignatarios imperiales.
A causa de esto la moda adquirió, en las damas, gran suntuosidad. En los caballeros la vestimenta era más sobria, aunque siempre elegante. Para la mujer se usó el traje llamado "estilo imperio", con el busto ajustado y que caía blandamente hasta el suelo sin ajustar la cintura.






El Romanticismo fue un movimiento intelectual y artístico propio del siglo XIX, y su influencia perduró hasta el siglo XX. La palabra romanticismo procede de «roman» (novela) y se manifestó en todos los dominios de las ciencias, las artes, las letras, la política y la vida social. En primer lugar se impuso en la literatura, en forma de un renacimiento de la poesía lírica y en especial de la poesía de la naturaleza.La moda no podía permanecer ajena a este movimiento renovador. Las damas usaban faldas amplias, pero más cortas. El corpiño era ajustado, con encajes y telas suaves que le daban un aspecto etéreo. Los sombreros eran capotas con lazos y cintas de terciopelo. Los caballeros usaban largos chaquetones entallados, con cuello amplio y adornos ajustados.
El sombrero era de copa alta y la corbata amplia. Un elegante bastón completaba el atuendo.















 







viernes, 2 de marzo de 2012

Los Ingleses

En los comienzos de la época medieval, tanto los hombres como las mujeres ingleses usaban una túnica y un manto y ropa interior de hilo blanco denominada camisola. Pero con la llegada de los normandos, en el siglo XI, las vestimentas se hicieron más ricas, prefiriéndose telas más suntuosas y, además, pieles y joyas.
La medida de longitud inglesa, denominada yarda, se fijó durante el reinado de Enrique II, entre los años 1154 y 1189, y se tomó como patrón la longitud del brazo del monarca. En el siglo XII se adoptó el gabán, que vestían tanto los hombres como las mujeres.
Los primeros lo usaban sobre la armadura de cota de malla. El gabán se sujetaba a la cintura por un cinturón de cuero grueso que llevaba adornos de metal y en el que pendía la espada. Los guantes se hacían de cuero o lana, y el calzado era muy simple, de cuero suave y muy ceñido al pie. Las damas de la nobleza lo usaban bordado.





La conquista normanda en las Islas Británicas tuvo, como ya hemos señalado, gran influencia en la moda. La vestimenta se hizo más rica y variada. Bajo el reinado de Guillermo II; en el siglo XI, apareció el vestido femenino llamado "princesa", de corte ceñido y con una abertura que iba desde la cintura hasta la parte superior de la espalda sujeta con lazos. Del ancho cinturón de cuero o tela gruesa se colgaba un monedero y 1lavero. El peinado y el tocado femeninos adquirieron una modalidad especial que perduró durante largo tiempo.
El cabello se separaba en el centro por medio de una raya y se sujetaba en dos largas trenzas, engrosadas con cabellos postizos y adornadas con cintas.
Otras veces, los cabellos se sujetaban con redecillas -en ocasiones muy suntuosas, ya que eran de hilos de oro- o una pequeña toca de hilo blanco almidonado. Los tejidos más usados eran las lanas de Flandes y las sedas y brocados de Venecia.




La dinastía de los Tudor corresponde al período del Renacimiento en Inglaterra. En los primeros años del reinado de Enrique VII perduraba la tendencia de la moda medieval, y los hombres usaban largas calzas ajustadas y túnicas cortas de tela gruesa que, en invierno, se reforzaban con forro de pieles o adornos de este material. Debajo de la túnica llevaban una camisa blanca, de hilo, con mangas abullonadas.
Pero luego la túnica se alargó y se abría sobre un chaleco o pechera de un material vistosamente bordado; sobresaliendo del chaleco aparecía la camisa. Por encima se llevaba un traje o gabán de mangas muy amplias y sueltas.Las mangas tenían características especiales: las del traje o gabán eran acuchilladas y dejaban ver las mangas de la túnica, que también eran acuchilladas y dejaban ver la camisa.
El gabán se ceñía con un cinturón de cuero. Las calzas eran ajustadas y largas, y el calzado era de cuero suave y liso.La cabeza se cubría con tocados que presentaban diversas formas o bien con capuchas o caperuzas.




En la época del Renacimiento, en Inglaterra, la túnica de los hombres se acortó. Debajo de ella se usaba un chaleco o pechera de tela suntuosa y bordada. Este chaleco se abrochaba adelante en forma entrecruzada, y también se sujetaba por detrás. Sobre el cuerpo se llevaba una camisa blanca de puro hilo, cuyo cuello sobresalía del chaleco. Otra prenda muy común era el gabán largo con mangas amplias y sueltas, acuchilladas, que dejaban ver las mangas de la túnica y de la camisa.
Los cabellos se usaban, por lo general, cortos, con flequillo y cayendo sobre los hombros. Los sombreros tenían diversas formas: comúnmente eran de terciopelo, con ala pequeña y adornados con plumas y alhajas.
El calzado, tanto el femenino como el masculino, era muy sencillo y estaba confeccionado de cuero, de paño o de terciopelo. Los guantes, cinturones y otros accesorios tenían ricos bordados.




En la época del Renacimiento, el vestido femenino tenía falda amplia y larga hasta el suelo. También se usaba una falda interior de cañamazo de forma acampanada, predecesora del miriñaque.
El corpiño era ajustado y el escote redondeado o cuadrado. Pero eran las mangas las que ofrecían mayor variedad. Se las usaba largas y ajustadas o muy amplias y forradas con telas de color diferente. A veces la falda se abría por delante en el medio, dejando ver una suntuosa falda de brocado. También el corpiño se abría en forma de V permitiendo admirar una pechera delicadamente bordada.
Como abrigo se usaban largas capas forradas de pieles. Para la vestimenta se empleaban telas suntuosas, como sedas y brocados importados de Oriente, terciopelos de Venecia, lanas de Flandes y batistas de Francia. Las joyas más comunes eran los collares de oro; también piedras preciosas o cruces pendientes de una cinta fina de seda.




En la época del Renacimiento y, particularmente, hasta 1550 se usó en Inglaterra un tipo singular de sombrero femenino. Se trataba de un sombrero a dos aguas, con caídas a ambos lados, que se colocaba sobre una cofia o toca de hilo blanco muy ajustada y que se dejaba ver sobre la frente.
Las caídas estaban ricamente bordadas con perlas, piedras preciosas e hilos de oro y de plata. Otros modelos constaban de una gran caída que partía desde lo alto de la cabeza y que, a veces, llegaba hasta el suelo.
Los hombres usaban también tocas de terciopelo con estas largas caídas, o birretes de terciopelo adornados con plumas. Los accesorios tenían gran importancia, como el cuello de la camisa de los hombres, que tenía delicados bordados negros, y los guantes de seda acuchillados.
Las joyas más comunes eran gruesas cadenas de oro de las que pendían piedras preciosas y perlas. Estas últimas eran las preferidas, sobre todo en época de Enrique VIII, ya que el mismo monarca las usaba.





En la época del Renacimiento se preferían telas suntuosas para confeccionar los vestidos femeninos y masculinos. A Inglaterra llegaban telas de diversas partes de Europa, y el activo comercio estaba apoyado en una marina mercante cada vez más floreciente. Desde Oriente se importaban brocados y sedas muy suntuosos con dibujos vistosos y de vivos colores; de Venecia se traían terciopelos lisos y bordados con hilos de oro; de Flandes llegaban telas de lana, seda y raso; de Francia, las delicadas batistas utilizadas en camisas y tocados. En tiempos del rey Enrique VIII, la moda masculina se dividió en dos corrientes. La primera se caracterizaba por el estilo cuadrado y los hombros acolchados; la segunda, por una línea más bien delgada.
Las mangas eran muy abultadas y acuchilladas, tanto en la vestimenta femenina como en la masculina. Las clases más humildes continuaron usando vestidos sencillos, con mangas y busto ajustados, y falda amplia que llegaba hasta los pies. Los cabellos eran cubiertos por una toca.



La túnica masculina experimentó un cambio notable en Inglaterra a partir del siglo XIV, ya que se acortó llegando sólo hasta la rodilla. Debajo de ella se usaba un chaleco que, generalmente, se abrochaba en forma entrecruzada. Una prenda muy característica era la camisa blanca de puro hilo, sin cuello y con el escote alto y fruncido que sobresalía del chaleco. Los nobles usaban un gabán largo con mangas amplias y sueltas, acuchilladas, y que dejaban ver las mangas de la túnica o de la camisa.
Los hombres usaban los cabellos largos, cayendo sobre los hombros y con flequillo. El calzado, tanto el femenino como el masculino, era muy sencillo y por lo general se confeccionaba de cuero, de paño o de terciopelo. Hacia el siglo XV se realizaron importantes innovaciones y se introdujo la fantasía en las prendas de vestir.
Así se combinaban telas y colores en una misma prenda, que tenía, entonces, gran colorido.




Una prenda característica de la vestimenta masculina inglesa del siglo XV era la chaqueta corta muy ajustada hasta el talle y con un faldón amplio que cubría la cadera. Esta chaqueta tenía un cuello alto y pequeño, y mangas muy trabajadas. La parte superior de la manga era muy abullonada y acuchillada, dejando ver la camisa de hilo blanco. En el codo había otra parte más pequeña, también abullonada y acuchillada, y desde allí hasta la muñeca la manga era muy ajustada. Los pantalones eran también muy ajustados, y sobre ellos se colocaban botas de cuero que se prendían al costado. Las puntas de las botas se prolongaban desmesuradamente, y el extremo se sujetaba debajo de la rodilla con un cinto de cuero.
El sombrero era muy variable, pero una de las formas más comunes era el de ala ancha levantada atrás y con adornos de plumas. Los tocados femeninos presentaban gran variedad.




En la segunda mitad del siglo XV las telas para la vestimenta femenina y masculina llegaban a Inglaterra desde diversas partes de Europa y de Oriente.
La moda tuvo caracteres muy marcados durante el reinado de Enrique VIII: las calzas eran largas y cosidas, abultadas y acuchilladas; los zapatos eran de horma cuadrada y acuchillada, y la túnica estaba hermosamente bordada y acuchillada. El cuello de la camisa tenía un volante estrecho bordado en seda negra. La pechera de la camisa tenía bordados en seda negra combinando con seda roja e hilos de oro.
Las mujeres usaban una camisa que se llevaba por encima de un miriñaque más amplio, y una falda de raso bordado o terciopelo guarnecido de brocado y de un color que contrastaba con el resto del vestido. Las mangas se hicieron muy amplias en los puños y con adornos de piel o terciopelo. El tocado era muy variable y se usaban también los turbantes.




En la época de Enrique VIII, los hombres usaban largas calzas cosidas, abultadas y acuchilladas, y una túnica bordada que llegaba hasta las rodillas. La camisa también era una prenda muy común, y el cuello tenía un volante estrecho o un dobladillo recto bordado en seda negra. Algunas camisas tenían la pechera bordada en negro y también con hilos rojos y dorados. Tanto las damas como los caballeros, usaban anillos en los dedos de ambas manos, preferentemente en el pulgar, el índice y el del medio.
Del cuello pendían pesadas cadenas de oro con medallas o piedras preciosas y perlas. Por influencia de la moda francesa, los hombres empezaron a usar el cabello corto y la barba recortada. Los sombreros adoptaron formas muy variadas: los había de ala ancha con adornos de plumas, gorros pequeños, birretes de punta como un techo a dos aguas, etcétera.
El calzado era de cuero fino, y también de terciopelo acuchillado, con la punta cuadrada y adornos de piedras preciosas.






A partir del siglo XVII y sobre todo desde el siguiente, la vestimenta de la nobleza en Europa occidental era semejante.
El intercambio comercial de telas suntuosas era frecuente, pero también la creación de manufacturas reales y propias en España, Francia, Inglaterra, Italia y Flandes permitía la utilización de tejidos que hacían posibles algunas diferenciaciones.
Hacia el 1700 los nobles ingleses usaban unas bragas cortas con un faldellín de cuero y una chaqueta con mangas acuchilladas. Todo esto permitía lucir una camisa de seda natural o de hilo blanco con mangas abullonadas. Las botas de cuero se abrían como una corola y dejaban ver medias de seda que llegaban hasta la rodilla.
Los hombres usaban el cabello largo y sombrero de fieltro adornado con plumas.






Los marinos ingleses del siglo XVIII vestían trajes compuestos por una chaqueta larga con amplios bolsillos y bragas cortas que cubrían la rodilla. La camisa era una prenda muy importante de la vestimenta y tenía en el cuello una cascada de encaje. Los puños también terminaban en un volante de encaje. Las medias eran de seda y los zapatos clásicos, sobre los que se destacaba una hebilla dorada. Sobre el traje se usaba un abrigo que llegaba hasta las rodillas.
Era costumbre usar pelucas sujetas con lazos o empolvarse los cabellos de blanco y sostenerlos con cintas. Las mujeres de la nobleza continuaron usando corpiño ajustado, que terminaba en gorguera, y sombrero de copa alta con ala levantada en un costado.
También usaban una toca de lino blanco y un cuello amplio del mismo material.
El peinado era sencillo y dejaba la frente despejada.